EL FAIR PLAY EN NUESTRO FÚTBOL

Hoy en día cualquier persona que practique deporte conoce el concepto de fair play o juego limpio, sin embargo este concepto muchas veces se confunde o se ignora por el ansia de victoria. El Fair Play se caracteriza por un comportamiento leal, correcto y sincero por parte de los deportistas y de todo su entorno, por un respeto a las decisiones del árbitro y de sus asistentes y por un buen trato con los compañeros y los rivales. El juego limpio es un hábito que debe practicarse por todos los componentes del mundo deportivo: deportistas, entrenadores, cuerpos técnicos, clubes, aficiones, medios de comunicación, familiares etc.

 

                                        fair play

 

    Como aficionado al fútbol (espero equivocarme) creo que la tendencia no está siendo la de educar a los chavales del futbol base en el fair play y en la idea de que “lo importante es participar” (participar dándolo todo); sino más bien en el lema de que “lo importante es ganar”.

    Los entrenadores de fútbol, por lo general gente ex futbolista y muy competitiva cuyos puestos dependen de los resultados, están enseñando a los jugadores de las categorías inferiores a conseguir por todos los medios los “tres puntos”. Esto unido al ejemplo que dan los equipos profesionales, que practican un fútbol, como es obvio, orientado al máximo rendimiento y a la victoria, conlleva a una serie de comportamientos aprendidos por los jugadores jóvenes que, si bien en algunos casos son efectivos, desvirtúan el concepto de fair play y por consiguiente el del fútbol.

    No es de extrañar que en campos de alevines, infantiles, cadetes o juveniles se vean comportamientos antideportivos de toda clase.

¿Cuáles son estos comportamientos?

 

    El primer comportamiento que se observa en el fútbol es la discusión casi sistemática de las decisiones que toma el árbitro. Es cierto que los árbitros fallan mucho, y que en muchos casos (como está pasando actualmente en España) se les respalda en exceso llegando a incluso a negar la evidencia de algunas decisiones; sin embargo la falta de respeto y/o la agresión hacia el colegiado no deberían existir nunca. Si los jóvenes futbolistas fueran educados en la aceptación de las decisiones del árbitro y en el respeto hacia éste, no se llegaría a los momentos de tensión que se observan en todos los partidos y quizás al no estar tan estresado emocionalmente, el árbitro podría tomar las decisiones de manera más acertada.

 

    Otro defecto que se da, por desgracia muy habitualmente en el fútbol, es el comportamiento insincero: exageraciones de faltas, simulaciones de penaltis o de agresiones, etc. aparecen en cualquier partido que veamos de la liga de fútbol profesional española y de muchos otros países. Este comportamiento es el que peor imagen da de un deportista, quitando las agresiones. Actuando de esta manera, se está faltando el respeto al rival al provocar que sea sancionado injustamente; al árbitro contribuyendo a su error y al aficionado al espectáculo haciéndole perder más tiempo de juego y disminuyendo la verosimilitud del fútbol. Con ejemplos como este desde luego no avanzamos…

 

                                                         piscinazo

 

    También se ven, con más frecuencia de lo que quisiéramos, discusiones entre jugadores de distintos equipos o del mismo equipo, que en casos extremos llegan a la agresión.

    Desgraciadamente los medios de comunicación, que han tomado una posición más morbosa que informativa, resaltan estos comportamientos entre compañeros y rivales, cuando deberían ignorarlos. Es una pena que el deporte que más difusión tiene en todo el mundo sea el que mas comportamientos de dudosa moralidad enseña. Observemos otras ligas como la liga inglesa donde los jugadores mantienen una conducta mucho más leal hacia árbitros, compañeros y rivales, y esto no quiere decir que no vayan a darlo todo por ganar en cada choque o que no se dejen la piel en cada partido.

 

    Cambiemos de deporte. Si hay un deporte que personifica el “fair play”, ese es el rugby donde no sólo se respeta al árbitro sino que, después de un agotador partido que en algunos casos parece más una guerra, los jugadores de los dos equipos acaban yendo juntos a celebrar el tercer tiempo.

    Al final el gran beneficiado de este comportamiento de juego limpio y deportivo somos todos. Jugando de manera deportiva, se disputa más tiempo de juego que conlleva a una mayor cantidad de acciones que generan más espectáculo. Y al mismo tiempo favoreciéndose el fair play en el fútbol, educamos en valores a todas las personas que lo practican y a las que lo ven. Sin embargo, hay tantos intereses cruzados por medio (el afán lógico por la victoria en el fútbol de alta competición, los medios de comunicación, sponsors etc.) que es difícil establecer una vía para lograr inculcar el fair play en todas nuestras categorías.

 

    Desde YoungCracks e invitándoos a participar en nuestro blog, os lanzamos la siguiente pregunta: ¿Qué hacer para inculcar el fair play en nuestro fútbol?

Twitter: @javi_brines

 

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